Mi Media Naranja.

La atracción amorosa ha sido un misterio para el ser humano. Sin embargo, está claro para muchos que cuando buscamos pareja nos sentimos atraídos por personas que gozan de cualidades de las que carecemos. Nos apasionan los encantos que no poseemos y las habilidades que siempre quisimos tener y que,  width= por alguna razón, no desarrollamos. Experimentamos una admiración especial por dichos atributos y por las personas que los exhiben. No en vano simbolizamos nuestro amor con la unión de dos medias naranjas. Nos referimos, muchas veces, a nuestra pareja como nuestra media naranja.

Cuando conseguimos a la persona que posee esos atributos, entonces sentimos que hemos alcanzado la completitud, es como obtener el éxtasis. La naranja se ha completado, ¡o por lo menos eso creemos!

Durante la etapa de enamoramiento o de la luna de miel emocional, como yo la denomino, nos regocijamos en esas aptitudes que nos hicieron enloquecer por nuestros amantes. Si somos tímidos, disfrutamos enormemente de su personalidad extrovertida. Estimulamos su risa, sus comentarios y sus intervenciones en público. Si somos emocionalmente rígidos, nos divertimos con su personalidad artística y bohemia. Es como si nos conectáramos con esa parte interna, truncada por nuestras experiencias en la infancia. Posiblemente, si escudriñáramos en el relato de nuestro pasado, encontraríamos que esas cualidades fueron coartadas por figuras significativas en nuestra infancia. Eso nos irrita, nos molesta, nos embasura las emociones, enturbia el amor.

Todo parece funcionar a la perfección mientras la etapa de la luna de miel emocional permanece encendida. Pero ¿qué pasa con dichos encantos cuando la realidad toca a la puerta? Es como quitarnos la venda de los ojos. Palpamos una realidad ya ineludible. Todas esas cualidades que constituyeron la esencia primordial del enamoramiento pasan a ser uno de los mayores obstáculos para el amor. Ahora deseas que tu pareja no fuera tan extrovertida, y detestas sus comentarios en público porque te suenan impertinentes más que divertidos. Y para ti, que te deleitabas con sus aptitudes musicales, que te divertías mientras cantaba y bailaba, deseas ahora que compartiera más tiempo contigo, en la calidez y quietud del hogar. Y si te sentías seguro(a) con las características protectoras de tu pareja, ahora te parece controlador(a) e insoportablemente dependiente.

Si no estás consciente de lo que pasa, tratarás de detener o someter esas cualidades que ahora tanto te irritan. Harás todo lo que esté a tu alcance para reprimirlas, como posiblemente hicieron tus padres contigo, razón por la cual nunca las desarrollaste. Es como si intentaras repetir la historia. Así, a quien solías llamar tu media naranja, lo deja de ser de la noche a la mañana. La completitud que creías haber alcanzado fue un simple espejismo. Nunca existió. La búsqueda de completitud es totalmente ilusoria. Ésta nunca es alcanzada a través de una pareja. Tu pareja no está contigo para hacerte sentir completo(a) ni para aliviar tus carencias.

¿Qué hacer, pues, una vez que la fantasía y la magia del enamoramiento termina y las verdaderas caras son develadas? O irremediablemente la relación llega a su final o podría surgir la etapa más larga, complicada pero la más hermosa del amor: el amor bonito. En esta etapa la aceptación y el respeto son claves fundamentales para el éxito de la pareja.

Si las cualidades de tu pareja fueron el gancho que una vez te hicieron sentir mariposas en el estómago, bien vale la pena hacer el esfuerzo por reconciliarte con ellas, para darle la bienvenida al amor bonito. En lugar de intentar repetir una historia de coerción, te invito a reescribir tu relato de vida. ¡Esta vez podría ser diferente!

Está claro que tenemos la oportunidad de resolver nuestra propia frustración para poder darle paso a una resolución personal. Así, lograremos no sólo aceptar los atributos de nuestro(a) compañero(a), ¡sino amarlos!

Siempre Contigo.

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