Como si fuera el último día…

Hay lecciones de vida que recibimos cuando menos las esperamos. Me remonto al 9 de septiembre del año 2001, un hermoso día, claro, soleado como pocos en la costa este de los Estados Unidos. Alrededor de las 9:10 de la mañana estaba yo siguiendo mi rutira diaria en mi residencia ubicada en el área de Philadelphia, donde aún resido. Fue entonces cuando mi esposo y yo, atónitos observamos en televisión lo que en ese momento todavía creíamos era el terrible accidente de un avión que chocaba contra una de las torres del World Trade Center de Nueva York. Nos disponíamos a ir a nuestros respectivos trabajos, lo que de hecho hicimos, sin imaginar que regresaríamos minutos después con una alarma de seguridad general en todo el país obligados a permanecer en casa, aterrorizados por cada avión que cruzara el cielo americano.

Dias de muerte y terror transcurrieron… Tres días más tarde estaba yo frente a la television cuando una voz femenina y llena de dolor captó mi atención. Allí estaba ella, ni siquiera recuerdo su nombre, era de tez blanca, su cabello ligeramente peinado dejaba entrever su belleza natural, no llevaba maquillaje que cubriera su verdadero rostro, dulce y al mismo tiempo decaído de tanto dolor. Estaba embarazada, su vientre revelaba alrededor de 7 meses de gestación. La acompañaban sus otros 2 pequeños hijos y las fotos de su esposo muerto en el World Trade Center. Él había muerto en servicio. Era bombero. En las manos de ella, una de las fotos de su esposo amante fallecido, la cual miraba y acariciaba mientras hablaba, pues era una de las pocas cosas que le quedaban de él.

Ella hablaba de aquella mañana en la cual se despidió de él con un beso como cualquier otro día. Él desapareció detrás de la puerta y… nunca más regresó. Sus ojos se llenaban de lágrimas así como se llenan los míos en este momento sólo al pensar: “¡Si solo hubiera sabido que era la última vez que lo vería!” Él ya no existe, desapareció, no tiene ni siquera su cuerpo para despedirse, sólo queda su recuerdo…

Ella, llena de memorias y de mucho amor por un amante que se esfumó, en ese momento envío un mensaje que quedó en mí para siempre. “Amen a su pareja como si fuera el último día de sus vidas, háganle saber que lo aman profundamente, como si fuera la última vez que lo tienen a su lado”.

Siempre Contigo

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