Mi vida en un beso

La humedad de unos labios entreabiertos buscando el encuentro perfecto, el temblor sutil de la lengua que habla sin palabras, miradas que ven más allá del cuerpo y que se pierden en el placer de unos ojos. El beso intenso, impúdico, lujurioso como expresión de amor y no como preámbulo sexual debe ser rescatado de las sombras del olvido.

Cuando aseguramos la estabilidad de nuestra relación amorosa, damos por sentado que el afecto permanecerá vivo sólo con el hecho de nuestra presencia. ¡Nada más erróneo! Echamos a la basura las caricias matutinas, los tiernos besos, los roces de cuerpos que erizan la piel. Nos inhibimos de disfrutar de lo más hermoso que nos brinda el amor: la piel, la caricia, el beso. En su lugar permitimos que surja la rutina, la costumbre y el aburrimiento.

Otros sólo recurren al beso como mecanismo de pre-calentamiento sexual, ¡si eres afortunada! El beso queda reducido a la alcoba, la cama y al periodo pre-coital. Su único objetivo: calentamiento.

El beso sin propósito sexual acaricia cualquier parte del cuerpo y hacer vibrar las fibras más profundas del ser, manteniendo así el amor encendido, vivo y añorante de la compañía del ser amado.

Aprovechemos los beneficios del beso, ¡entreguemos el alma y la vida en un beso!

Siempre Contigo.

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